No hablamos más de él ni de su sonrisa. De su pelo largo y negro. Cayendo sobre sus hombros y su camisa morada. No pronunciamos más pensamientos despistados. Perdidos en recuerdos que se van veloces, como los anocheceres vertiginosos del trópico. Lo soñamos en silencio, como en las tardes de lectura en la niñez que se fue.
No hablamos más de él.
Callaremos, esperando en sueños que se reciclan.
“Sueña que hay días en que vivo,
sueña lo que hay que callar…”
Silvio Rodríguez