Cuando la luz se apaga

Photo by Irina Iriser

Siempre siento una culpa que quizá no me pertenece, pero de la que no me libro. Un dolor profundo que no se expresa. Recuerdos que se confunden con sueños. Una línea borrosa entre lo real e irreal. Siento un remordimiento absurdo de lo que fue y lo que no es. Un dolor como el ruido sordo de un látigo. Certidumbre de que el más allá no existe. Y en contraste, una esperanza de que hay un Claro de Luna que le guarda hasta hoy. El deseo de querer olvidar. Pero vivir para recordar cuando la luz se apaga. Soñar o vivir. Vivir soñando. Al final del día la luz se apaga. Y el ciclo continúa, se repite. Agobiante. Enfermizo. Destructor.

“En el claro de la luna,

donde quiero ir a jugar…”

Silvio Rodríguez

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