Entresijo

Conocí a tantos hombres que pudieron hacerle el amor a mi mente y eligieron mi cuerpo. Escogieron mi cuerpo porque siempre fue más fácil y más promiscuo, más entregado, más ligero. Mi mente era pues, para ellos, un secreto. Un secreto supeditado al óleo rojo que derrama mi cuerpo, el mismo que de vez en vez me deja infértil la boca y secas las palabras. Esos hombres dóciles que temieron el quimérico entresijo y me dejaron desabrida, sin color, como lo que queda de las rosas cuando pasa el tiempo. 

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