
En bicicleta por el mar,
hasta que la sal oxide el metal,
mis pies, mis ideas.
Y cuando al atardecer el viento sople,
me despedace en mil partículas
y contra el mar reviente
la sonrisa maltrecha
de años y años sin porvenir,
y en el estallar de las olas,
el sonido de mi boca se envuelva en un eco
y en éste se pierda.
Y que no deje en la arena mis huellas
para que el mundo me olvide,
si acaso,
alguna vez,
me conoció.
«Un sendero solo de pena y silencio llegó
Mercedes Sosa
hasta el agua profunda»