A qué viene el sol

Partiremos ahora y dejaremos atrás la belleza conocida de los atardeceres soleados y las lluvias torrenciales y efímeras. Dejaremos a las azucenas y a las astromelias crecer, abandonadas junto a las raíces de aquellas acacias que perduraron lo suficiente, apenas. Partiremos para que ya la fina hierba no se cuele en los pies descalzos y sobre el arenero se extienda la casa en la que ya solo viven dos. Porque a qué viene el recuerdo insistente de crecer y vivir sin preocupación en esa tierra olvidada, donde siempre brilla el sol pero la gente se mata.

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