Jardín

Cada vez que la profesora dejaba el salón, yo me paraba a llorarla en la puerta. Aquella otra niña delgada venía a consolarme poniendo su mano en mi espalda. La aprecié y fuimos amigas hasta que empezaron a importar nuestras diferencias. No sé qué será de ella.

Photo by Antonius Ferret

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