Bajábamos flotando por el río y el sol de julio nos daba en la cara. Yo sostenía la bebida en mi mano y sus pies jugueteaban con el agua. Entre ella y yo muy poco quedaba, ya que a los años nadie les había hecho justicia. En algún momento se cruzaron nuestras miradas y el susurro de la brisa nos dijo que no existirían más veranos juntos. Ella sonrió, con ternura. Y yo agradecí su amor en pasado.