Saltar la valla

Los dos tendríamos quizá catorce años cuando él me invitó a ver a Manu Chao en concierto. No teníamos tiquetes y la idea era colarnos saltando la valla por la parte trasera del jardín botánico. Cuando le expresé mi temor a que nos descubrieran, él rió a carcajadas, diciendo que el ser descubiertos solo significaba que tendríamos que volver a entrar. El plan parecía viable pero el escrupuloso seguimiento de la norma que me fue inculcado me impidió decirle que sí. Al final, él terminó por ir solo y yo me quedé en casa. 

Veinte años después aún no he visto a Manu Chao en concierto y mi primo ya no está para intentar la osadía. Se fue a algún cielo, junto a las hojas que arrastra el viento. Y yo me quedé aquí, anclada, deseando haber dicho que sí.

Photo by Kendall Hoopes

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