Muchas palabras no fueron las mejores. Hubo el violento susurro de un te amo. Y los cumplidos baratos e incoherentes de martes por la tarde.
Al fin los dos sabemos por qué nos dejamos.
Dejamos la espera contemplativa para llenar el silencio con palabras vacías. Y esas palabras, aunque superfluas, ilustraban el desgano de nuestro amor amañado.
Muchas palabras no fueron las mejores. Entre ellas tu nombre, que digo en silencio para evitar el tedio.
Me alegra que al final te hayas ido.