¿De dónde nos vienen las palabras?

¿De dónde nos vienen las palabras? 

¿De las noches sin luna? ¿O de los atardeceres soleados? 

Tal vez vienen del silencio. O de los montículos de arena en las playas abandonadas, donde los castillos se derrumban en un escándalo de caracolas. 

¿De dónde nos vienen las palabras si brotan sin alma? Cuando yo las guardo, y las rehúyo. 

Ellas se forman, en clichés organizados y poco pensados. O en punzadas de dolor que desangran. 

Tal vez El Ancestro nos las susurra al oido, cuando todo está oscuro en rincones recónditos. Y las recitamos, aunque prestadas. 

Para entretener a aquéllos que tropiezan con ellas y las leen y lloran sin esperarlas. 

No, no sé de dónde le vienen las palabras a esta familia que sueña en poemas de vida y camelias. 

A Liana

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