Ayer hablé con alguien que conozco de hace tiempo. Dijo que mis ojos habían cambiado mucho desde la última vez. Quise besarlo sin sentir sus labios, pero no lo hice.
Estábamos sentados uno al lado del otro, con mis muletas separándonos. Podía sentir la cercanía y la lejanía de su cuerpo, y los ojos de los otros señalándonos. Supe que le gustaba ver pasar la gente por la calle, como a mí.
Y no sé por qué después me sentí tan sola.
Hoy es un día melancólico, de esos que no me sucedían hace tiempo. Un día espeso, brumoso. Ya se me olvidó cómo enfrentar estos días en que no soy capaz de pensar en mañana. Hace tiempo que todo había perdido importancia.
¿Cuántas veces te he dicho te amo?
Quiero que sea sábado y dejar este viernes suicida.
Estoy odiando la nube gris que me conjeturaste un día. Estoy despreciando el espacio y el tiempo y aun siguen sin preocuparme.
¿Por qué estoy siendo otra vez la contradicción de hace unos meses?
Voy a romperme en silencio.
Porque así siempre lo hago.


