Grados

Photo by Stanley Morales

Esas primeras experiencias que denotaron el fracaso al que estamos condenados. 

La soledad insípida de los martes en la tarde y el pequeño habitáculo de estúpida esperanza. 

Esa luz pequeña que ilumina todas las acciones, como si ellas en sí fueran ineludibles tesoros de mares de plata y diamantes.

Todavía hoy nos abocamos a la vida como si fuera toda cargada de belleza. La blasfema belleza de las sonrisas tristes y los llantos internos. 

Hoy empieza la verdadera incertidumbre apacible y violenta. 

Que el dios en que crees te guíe o perdone en esta batalla contra sí mismos, en la nueva guerra de las inoportunidades, en el camino feliz de las nostalgias.

-Carta a una amiga

Y vos me parecés ahora

Y vos me parecés todo ahora. Y me parecés la nada. Y me parecés el recuerdo. Y me parecés el amor. Y el desamor. Y el oxígeno que necesito respirar. Pero me estoy ahogando. Y así te parece bien, nos parece bien.

-Fragmento

Un día que puede llamarse miércoles

Un día cualquiera, que puede llamarse miércoles. Una noche tranquila, de las aburridas. 12 horas trabajando, como los perros. Una cerveza fría, pretendiendo que te importa. Sentarse en el sofá, leyendo tu vida. 

Un día cualquiera, que puede llamarse jueves. Una noche tranquila, de las frías. 12 horas trabajando, como si valiera la pena. Una cerveza fría, pretendiendo que está bien y siempre lo fue. Sentarse en el sofá, preguntándote porqué. 

Un día cualquiera, que puede llamarse viernes. Una noche de juerga, vacía. 12 horas trabajando, porque solo sabes eso. Una cerveza fría, anhelando la inconsciencia. Sentarse en el sofá, contemplando la bala. 

Un día cualquiera, que ya no llega.

Entresijo

Conocí a tantos hombres que pudieron hacerle el amor a mi mente y eligieron mi cuerpo. Escogieron mi cuerpo porque siempre fue más fácil y más promiscuo, más entregado, más ligero. Mi mente era pues, para ellos, un secreto. Un secreto supeditado al óleo rojo que derrama mi cuerpo, el mismo que de vez en vez me deja infértil la boca y secas las palabras. Esos hombres dóciles que temieron el quimérico entresijo y me dejaron desabrida, sin color, como lo que queda de las rosas cuando pasa el tiempo. 

Se fueron

Se fueron. Y mi sala está ahora vacía. La soledad profunda colma. Ella que es quizás mi única amiga, hace hoy silencio. Afuera, la lluvia. Y un invierno aperezado que al final no se decide a empezar. 

Todo lo demás es silencio. 

La soledad profunda retumba en los huesos. Y mi sala está ahora vacía. Se fueron. Mis pensamientos regresan. El dolor rumiando en mi cerebro, en mi cuerpo. La soledad. La soledad que conozco bien. Mis pensamientos se estremecen, dan vueltas. La pistola en la boca. ¡Puff! Mejor la pastilla. 

Pensamientos en soledad. El bullicio se ha ido. La última alarma ha sonado. La pistola en la boca. ¡Puff!

Todo lo demás es silencio. 

Se fueron.