Cerrar la puerta con llave. Bajar las persianas. Esconderse en el confort de la casa que acobija en seguridad apacible. Huir al miedo evitando salir. La calma falsa. Trabajar desde casa. Hablar en voz alta, emulando el bullicio. Llamar por teléfono. Ordenar domicilio. La historia risible a ojos de otros. Ahogarse por dentro, sofocarse. Quedarse en casa. Quedarse en casa y no salir. No volver a salir. No salir nunca. El deseo imposible, tal vez. La realidad certera. El miedo, quizá infundado. O no.
Autor: nataliamejiae
Yo podría cantarte la luna
Siento que se me están pudriendo adentro las palabras, y que tengo mis manos cargadas de flores y armas.
Algunos me han pedido que escriba, porque han pensado que están las palabras en mi destino. Pero siempre que quiero escribir descubro que las palabras han estado perdiéndoseme, que aunque las busco no las encuentro, porque no sé qué escribirle al mundo.
Aquellos a quienes quisiera entregarles mi vida plasmada en obra se han negado a leerme. A esos a quienes podría escribirles la vida han rechazado mis letras con un veto siniestro. Y yo estoy acumulando las palabras adentro y soy un caos completo, un caos por dentro, con todas esas palabras sueltas, incoherentes.
Mis manos desean disparar algunas flores y algunas balas, pero cómo, si no puedo cargar mis armas.
Si me permitieras escribirte, para leerme, para decirte. Si quisieras conocerme de otras maneras. Si abrieras tu mente a ser testigo de mis absurdas ideas. Yo podría cantarte la luna aunque no la esté viendo, llevarte al bosque y mostrarte mi risa y mis lágrimas. Declamarte el llanto.
Mis manos están temblando. Mi cuerpo está temblando. Y el bebé que llevo dentro está engordando con las palabras desordenadas.
Pero estás entre ese grupo de los otros que me negó para siempre. Sabes que en silencio estoy hablando, en secreto estoy hablando y mirando y llorando.
No quiero dispararme a mí misma las balas.
Si quisieras conocerme de otras maneras. Yo podría cantarte la luna. Yo podría cantarte la luna.
La voz habla
¿Quién habla hoy en mi cabeza? ¿Quién causa el silencio? ¿Quién hace las preguntas esta tarde oscura en el invierno voraz de Nueva Inglaterra? Oscuridad adentro y afuera que evita los recuerdos de soledad y muerte. Premoniciones totalizantes donde se acerca el verano. La voz habla. Y calla. Espera.
Seguí caminando
Cuando le dije que ella le esperaba, él bajó la vista. Guardamos silencio. Y seguí caminando.
Jardín
Cada vez que la profesora dejaba el salón, yo me paraba a llorarla en la puerta. Aquella otra niña delgada venía a consolarme poniendo su mano en mi espalda. La aprecié y fuimos amigas hasta que empezaron a importar nuestras diferencias. No sé qué será de ella.
