Voy a romperme en silencio

Ayer hablé con alguien que conozco de hace tiempo. Dijo que mis ojos habían cambiado mucho desde la última vez. Quise besarlo sin sentir sus labios, pero no lo hice.

Estábamos sentados uno al lado del otro, con mis muletas separándonos. Podía sentir la cercanía y la lejanía de su cuerpo, y los ojos de los otros señalándonos. Supe que le gustaba ver pasar la gente por la calle, como a mí.

Y no sé por qué después me sentí tan sola.

Hoy es un día melancólico, de esos que no me sucedían hace tiempo. Un día espeso, brumoso. Ya se me olvidó cómo enfrentar estos días en que no soy capaz de pensar en mañana. Hace tiempo que todo había perdido importancia.

¿Cuántas veces te he dicho te amo?

Quiero que sea sábado y dejar este viernes suicida.

Estoy odiando la nube gris que me conjeturaste un día. Estoy despreciando el espacio y el tiempo y aun siguen sin preocuparme.

¿Por qué estoy siendo otra vez la contradicción de hace unos meses?

Voy a romperme en silencio.

Porque así siempre lo hago.

Pantomime

Sometimes, I need to ground myself to remember who I am and where I stand. Work is just a pantomime that we go through to make a living. What I believe in, who I am, is deeper. It’s profound. 

Today, I want to riot. 

But life goes on. Deep breaths. It’s an act. 

«If I start a riot, will I get protection?

Cause I’m the kid whose got a lot of problems.

And if I throw a brick, maybe the brick will go and solve them.»

– Rancid

Deja que me vaya, NYC

Nueva York era una ciudad idílica que había visto en TV y a la que nunca pensé llegar. Así que cuando la visité por primera vez me propuse hacer todo lo que se ve en las películas: 

Abrazamos a Elmo en Times Square. 

Subimos al Empire State. 

Montamos patín en Bryant Park. 

Nos tomamos la foto con el toro en Wall Street. 

Aspiramos las tristezas del monumento al 911. 

Cruzamos al otro lado del puente de Brooklyn. 

Caminamos en el Central Park. 

E hicimos f@#& a la Trump Tower. 

Fueron unos días fantásticos donde mi excitación no cabía dentro de la estrechez de mi chaqueta de invierno. Sin embargo, lo que recuerdo más profundamente es cuando nos perdimos en nuestro regreso hacia el Airbnb donde nos quedamos en Harlem. 

Habíamos estado caminando en círculos por varias horas, hasta que no hubo más que declaramos oficialmente perdidos. Quisimos tomar el tren, pero no entendíamos el mapa con su red de vías enmarañadas y su horario complicado. El GPS no funcionaba y mirábamos al horizonte tratando de orientarnos fijando nuestra vista en el Empire State. 

En algún momento, recuerdo haber volteado hacia arriba mientras las gotas de lluvia me caían en la cara. El cielo estaba gris y oscuro, y los rascacielos se cerraban sobre mí como queriendo tragarme. 

La vista era bella y malvada. 

Desasosegante e implacable. 

La vista era el mundo que me decía, que me susurraba lo que yo ya sabía. 

Las lágrimas rodaron por mis mejillas porque un torrente de gente que no era la mía me engullía. En un invierno frío. Con una lengua que no entendía. Y en medio de una soledad que me era nueva y me entristecía. 

Que lejana fue para mí Medellín en ese entonces, esa tierra bonita con montañas y soles de primavera. 

“¿Por qué no me tragas ya, Nueva York? ¿Por qué no dejas que me vaya?”, dije y seguimos caminando hasta el amanecer. 

Tal vez algún día vuelva, buscando indulgencia. 

Seguir amando

Me siento al frente de la pantalla como cada lunes en la mañana, esperando el correr de otra semana. Los días son buenos o tristes, o traen pesares que habíamos olvidado. Rebeca lee en el nuevo sofá y se admira con los “Secretos del viejo reloj”. Siento la necesidad de escribir aunque no sé para qué ni para quién.

Entiendo el tedio de levantarse cada mañana queriendo morir. El cruzar la calle despacio para que alguien te atropelle. El deseo de envenenar el cuerpo que ahora se siente vacío y efímero. Pero sé que después de todo hay tal vez esperanza. Que existe el placer de las cosas pequeñas como el sentarse a disfrutar una tarde veraniega en el atardecer de una terraza.

Quizá ahora todo esto suene estúpido, como lo suena todo en estos meses de tedio. Pero te desatarán y te levantarás para seguir amando. No encuentro más palabras para describir el dolor que me causa imaginar tu pérdida. Seguiré aquí desde esta distancia forzada, anhelando tu abrazo.

Carta a un familiar

Invierno y oscuridad

Es invierno y la oscuridad se cierne sobre mí. Al caer la tarde, una oscuridad impenetrable me dice que el día ha acabado aunque solo son las 4:00. ¿Qué hacer, mas que regocijarse en los pensamientos de pasado y futuro?

El invierno es la época de los temores.

El calor del hogar reconforta mientras que afuera se libran las batallas.

Photo by Josh Hild