Luciano con O

Tampoco sé si a veces soy tomate o soy gato, o si simplemente soy Luciano con O. Soy como Sven que murió la semana pasada. 

Qué me importa si Luciana tiene el arma si el que disparó fui yo. A veces me gusta ir por la vida con una coca cola. Me gusta sentir la lluvia, la lluvia de olor a pólvora quemada, limpiándome la sangre de la herida. La sangre de tomate como el gato rojo de Amarilla. Amarilla se parece a Luciana con A. A veces, Luciana con A está celosa porque yo hablo de Amarilla. Le digo: “Tranquilízate nena” y ella enfurece. El problema es que Luciana con A no lee mis libros. 

Luciana con A siempre anda discutiendo. Pelea conmigo por las coca colas. Pelea conmigo porque no me apetece un buen polvo. Pelea conmigo porque le compro drogas. Pelea con el dentista porque no se lava los dientes. Luciana con A pelea con la vecina porque las sábanas que extiende le tapan el sol que cae a la terraza. A Luciana con A le gusta pelear. Yo le digo: “Vive nena” y ella enfurece. 

Me gusta Luciana con A. Yo soy Luciano con O. Así que es gracioso. Cuando tomo coca cola a Luciana con A le da celulitis. Yo me siento mareado. No sé si es por la sangre de tomate que me lava la lluvia con olor a pólvora quemada o si es por el brandy que le cayó a la coca cola en la mañana. 

Luciana con A dice que es de noche. A mí siempre me parece que está de día. Lo que pasa es que Luciana con A siempre dice lo contrario a lo que yo digo. Luciana con A dice: “Estás equivocado Luciano con O” y yo digo “Qué importa nena”. Y ella enfurece. 

Luciana con A dice que quiere el lado izquierdo. A mí me da igual. Diez metros bajo tierra la lateralidad no importa. Creo que Luciana con A y yo estaremos muy estrechos. 

La espera

Me pregunta cómo estoy y le respondo lo mismo: “Esperando que el tiempo pase”. 

Mientras tanto afuera se van volviendo rojas las hojas. 

¿De qué vale la espera? 

Si al final las hojas caerán, inertes.

Monday

What does one write on a Monday? Cuando la lluvia cae y nunca amanece. Cuando es un lunes como cualquier otro. 

What do you say to Mondays? Cuando la semana se abre en el horizonte y la esperanza disminuye.  

What do you do on Monday? Cuando no ha cambiado nada. Y te sigo esperando. 

Today. Monday. Lunes. What can I tell you? Cuando siempre te guardo en la memoria.

Sobre perder un trabajo 

El martes 22 de agosto perdí mi trabajo. Nos habían citado a una reunión en la mañana con el mensaje: Please, prioritize this meeting. Cuando llegó la hora y nos conectamos, nuestros micrófonos estaban silenciados y el chat deshabilitado. Y tras unos minutos de esperar, 180 personas y yo escuchamos decir a nuestra líder que a partir de ese momento nos encontrábamos desempleados. 

Lo que siguió era de esperarse. Nuestros accesos a todos los sistemas fue bloqueado y nuestros correos electrónicos anulados, mientras nos arrojábamos a una búsqueda frenética de rescate que nos permitiera salvar algunas muestras dignas de incluir en nuestros portafolios. 

En medio del caos, no supe qué guardar porque en siete años de trabajo había tanto y nada al mismo tiempo. Cuando terminó el día, guardé mi computador e ignoré los cientos de mensajes, las instrucciones y las cartas de separación. 

En los días venideros, un sentimiento de absoluta abrumación se apoderó de mí. Me despertaba en la madrugada pensando en lo que faltaba por hacer e, incapaz de seguir durmiendo, me sentaba ante el computador hasta el anochecer buscando de forma desesperada un trabajo, cualquiera que fuera.  

Solo hasta ahora, mi mente empieza a aclararse del torbellino de dudas y miedos. 

Algunos de mis compañeros, que habían tenido ya experiencias similares, compartieron que perder un trabajo es solo un día más en Corporate America y que con los años uno simplemente se vuelve numbed to it all. Pasamos la vida dejando la tercera parte de ella o más en un trabajo, y un día cualquiera lo que somos es menos importante que el margen de ganancia. 

Ayer éramos trabajadores ejemplares y apreciados, hoy una amenaza a la confidencialidad. 

Me siento agradecida por la forma en la que mis redes respondieron a este despido masivo y por la forma en la que mis compañeros y yo nos reunimos para apoyarnos. Pero me queda el sinsabor de este modelo económico donde los trabajadores somos cosas que se desechan.

Todos los días son domingo

Tal vez es normal tomarse una cerveza a las 9 de la mañana. 

Mi jornada empieza a las 6 buscando trabajo y aplicando a una oferta o a la otra. Actualizo mi hoja de vida, hago un curso para mantener mis conocimientos al día, reviso LinkedIn, escribo para un proyecto. 

Se van tres horas en dos minutos y cuando el reloj da las 9, ya es mucho lo que he logrado. Mi corazón está agobiado. Y mi mente cansada con la esperanza que se achica. 

Entonces hoy destapé la cerveza. Es un mecanismo de supervivencia, porque después de las 9 empieza el juego de la espera. Esperar el correo o la llamada, o el mensaje de texto que me invita a una entrevista. Pero durante todo el día solo hay silencio y la noche llega sin novedades. 

Dicen que “todos los días son domingo cuando estás desempleado”. Y a nadie le importa la intranquilidad de quién perdió un trabajo. Por eso una cerveza tras otra. Hasta las 6 mañana, cuando mi jornada empiece con la misma monotonía.  

“Everyday is Sunday when you’re unemployed.

Sounds pretty good, man, I should be overjoyed.”

The Slackers

Photo by Toa Heftiba