Loneliness makes you think sad things. Y quién soy yo para decirle que se calle.
Categoría: Inmigración
Talking into the void
Mis palabras se las lleva el abismo oscuro y las devuelve en un eco que solo yo escucho. ¿A quién le importa esta existencia desoladora? Soy las palabras del inmigrante cansado que vive indiferente.
Le hablo al vacío que se ríe de mí y me pregunto a dónde irá a parar la soledad del pensamiento manchado de biculturalidad. Mi vida es una mezcla que no encaja ni aquí ni allá. Y se vuelve más sola, más aislada, más distante.
¿Cómo olvidar lo que ya viví? ¿Y cómo renunciar a lo que vivo ahora?
Recuérdame

Recuérdame. Recuérdame cuando esté volando alto, como Fawn Wood. Cuando me levante más allá del cielo, como un águila o un cóndor. Recuérdame, cuando ya mi nombre se haya extinguido. Y yo no sea más que el aliento del fuego y la humedad del verano.
Yo te recordaré, sosteniendo mi mano, más allá de la nebulosa estrellada. Soplaré un susurro que traspase el sol, y te envuelva en un halo.
Recuérdame, cuando ya nos hayamos olvidado.
«Soaring with the eagle so high,
Fawn Wood
feeling free…»
A qué viene el sol
Partiremos ahora y dejaremos atrás la belleza conocida de los atardeceres soleados y las lluvias torrenciales y efímeras. Dejaremos a las azucenas y a las astromelias crecer, abandonadas junto a las raíces de aquellas acacias que perduraron lo suficiente, apenas. Partiremos para que ya la fina hierba no se cuele en los pies descalzos y sobre el arenero se extienda la casa en la que ya solo viven dos. Porque a qué viene el recuerdo insistente de crecer y vivir sin preocupación en esa tierra olvidada, donde siempre brilla el sol pero la gente se mata.

Las gotas en el parabrisas

Las gotas caen en el parabrisas esta noche de abril. Una capa de agua brillante y enceguecedora sobre el asfalto negro. Los árboles se bambolean aún sin hojas. Las canciones del pasado que suenan en el altavoz. Pienso en mi prosa y en los poemas que jamás escribiré. La métrica vedada a mi entendimiento e interés. Recuerdo sus sonrisas y los cuentos que leímos. Los vinos que tomamos. Las noches en la Villa o Carlos E, o en cualquier otro lugar sin esperanza. La lluvia que tintinea en la ventana mientras la mente no perdona a la distancia cada vez más amplia. ¿Qué futuros nos esperan, cuando no podemos alejar el pasado? Mi prosa y los poemas, que no dicen otra cosa. Que no hablan de otra cosa. Y no callan. Jamás callan.
“Que cuando escampe,
parezca nuestra esperanza.”
Silvio Rodríguez