Olvidarte otra vez mañana

Hoy, hoy que tengo tanto miedo de recordarte tanto, te escribo este texto sin talento. Uno de estos textos míos que hace tiempo perdió la forma. 

Extrañándote de un modo inusual, hoy. Perpetuando el legado de tu nombre en el mío. 

Y preparándome para olvidarte otra vez mañana.

Fragmento

Photo by Suzy Hazelwood

Cuando la luz se apaga

Photo by Irina Iriser

Siempre siento una culpa que quizá no me pertenece, pero de la que no me libro. Un dolor profundo que no se expresa. Recuerdos que se confunden con sueños. Una línea borrosa entre lo real e irreal. Siento un remordimiento absurdo de lo que fue y lo que no es. Un dolor como el ruido sordo de un látigo. Certidumbre de que el más allá no existe. Y en contraste, una esperanza de que hay un Claro de Luna que le guarda hasta hoy. El deseo de querer olvidar. Pero vivir para recordar cuando la luz se apaga. Soñar o vivir. Vivir soñando. Al final del día la luz se apaga. Y el ciclo continúa, se repite. Agobiante. Enfermizo. Destructor.

“En el claro de la luna,

donde quiero ir a jugar…”

Silvio Rodríguez

A man like any other

A man like any other. Just a man. A simple man.

Maybe

Todas sus frases empiezan con tal vez. Y tal vez yo he esperado mucho para escuchar solo eso. Miro sus ojos verdes y creo que puede leerme el alma, me da miedo entonces. Respiro profundo, esperando que sea la última vez. Y siento su perfume, mis huesos se hielan. 

Tal vez sea tarde para despedirme. Tal vez sea temprano para decir hola. Tal vez debo ser aire, o lluvia. Tal vez debería decir “detente”, al tiempo que doy la espalda. 

Cuando viene o cuando se va, siempre llueve. Supongo que el cielo espera lavar su presencia de las calles. No puedo entender la velocidad de los minutos. El mundo entero es una sola tristeza. 

Lo siento. Tal vez no soy quien debería ser. Tal vez solo es una idea. Tal vez solo soy yo, sencillamente. Aún nos quedan muchas cosas por decir. Y yo he perdido la fuerza para decirlas. Tal vez no quiero. Tal vez no espero.

Noelia y el mar

Photo by Daniel Maforte

En bicicleta por el mar, 

hasta que la sal oxide el metal, 

mis pies, mis ideas. 

Y cuando al atardecer el viento sople,

me despedace en mil partículas

y contra el mar reviente 

la sonrisa maltrecha 

de años y años sin porvenir, 

y en el estallar de las olas, 

el sonido de mi boca se envuelva en un eco 

y en éste se pierda. 

Y que no deje en la arena mis huellas 

para que el mundo me olvide, 

si acaso, 

alguna vez, 

me conoció.

«Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda»

Mercedes Sosa