Jardín

Cada vez que la profesora dejaba el salón, yo me paraba a llorarla en la puerta. Aquella otra niña delgada venía a consolarme poniendo su mano en mi espalda. La aprecié y fuimos amigas hasta que empezaron a importar nuestras diferencias. No sé qué será de ella.

Photo by Antonius Ferret

Estar sin amigos

Me alegra que no se olviden. Atraídos con sus días ocupados. Y sus múltiples compromisos. Las horas compartidas que quedan después del trabajo. Corriendo de aquí para allá sin volver la vista a ese otro, que una vez soñó y vivió. Y que hoy se esconde tras los proyectos y los días de estar sin amigos.