Todos los días son domingo

Tal vez es normal tomarse una cerveza a las 9 de la mañana. 

Mi jornada empieza a las 6 buscando trabajo y aplicando a una oferta o a la otra. Actualizo mi hoja de vida, hago un curso para mantener mis conocimientos al día, reviso LinkedIn, escribo para un proyecto. 

Se van tres horas en dos minutos y cuando el reloj da las 9, ya es mucho lo que he logrado. Mi corazón está agobiado. Y mi mente cansada con la esperanza que se achica. 

Entonces hoy destapé la cerveza. Es un mecanismo de supervivencia, porque después de las 9 empieza el juego de la espera. Esperar el correo o la llamada, o el mensaje de texto que me invita a una entrevista. Pero durante todo el día solo hay silencio y la noche llega sin novedades. 

Dicen que “todos los días son domingo cuando estás desempleado”. Y a nadie le importa la intranquilidad de quién perdió un trabajo. Por eso una cerveza tras otra. Hasta las 6 mañana, cuando mi jornada empiece con la misma monotonía.  

“Everyday is Sunday when you’re unemployed.

Sounds pretty good, man, I should be overjoyed.”

The Slackers

Photo by Toa Heftiba

La voz habla

¿Quién habla hoy en mi cabeza? ¿Quién causa el silencio? ¿Quién hace las preguntas esta tarde oscura en el invierno voraz de Nueva Inglaterra? Oscuridad adentro y afuera que evita los recuerdos de soledad y muerte. Premoniciones totalizantes donde se acerca el verano. La voz habla. Y calla. Espera.

Estar sin amigos

Me alegra que no se olviden. Atraídos con sus días ocupados. Y sus múltiples compromisos. Las horas compartidas que quedan después del trabajo. Corriendo de aquí para allá sin volver la vista a ese otro, que una vez soñó y vivió. Y que hoy se esconde tras los proyectos y los días de estar sin amigos.

Ellas, solas

«Es una niña» se lee en el letrero junto a los escalones. La madre sube cada peldaño, cargando a su bebé en su cochecito. Y entra en la casa donde vivirán ellas solas, junto a ese perro que ladra y ladra. Que no se calla cuando las malaventuranzas llaman a la puerta.

Photo by stiv xyz

Noelia y el mar

Photo by Daniel Maforte

En bicicleta por el mar, 

hasta que la sal oxide el metal, 

mis pies, mis ideas. 

Y cuando al atardecer el viento sople,

me despedace en mil partículas

y contra el mar reviente 

la sonrisa maltrecha 

de años y años sin porvenir, 

y en el estallar de las olas, 

el sonido de mi boca se envuelva en un eco 

y en éste se pierda. 

Y que no deje en la arena mis huellas 

para que el mundo me olvide, 

si acaso, 

alguna vez, 

me conoció.

«Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda»

Mercedes Sosa