Voy a romperme en silencio

Ayer hablé con alguien que conozco de hace tiempo. Dijo que mis ojos habían cambiado mucho desde la última vez. Quise besarlo sin sentir sus labios, pero no lo hice.

Estábamos sentados uno al lado del otro, con mis muletas separándonos. Podía sentir la cercanía y la lejanía de su cuerpo, y los ojos de los otros señalándonos. Supe que le gustaba ver pasar la gente por la calle, como a mí.

Y no sé por qué después me sentí tan sola.

Hoy es un día melancólico, de esos que no me sucedían hace tiempo. Un día espeso, brumoso. Ya se me olvidó cómo enfrentar estos días en que no soy capaz de pensar en mañana. Hace tiempo que todo había perdido importancia.

¿Cuántas veces te he dicho te amo?

Quiero que sea sábado y dejar este viernes suicida.

Estoy odiando la nube gris que me conjeturaste un día. Estoy despreciando el espacio y el tiempo y aun siguen sin preocuparme.

¿Por qué estoy siendo otra vez la contradicción de hace unos meses?

Voy a romperme en silencio.

Porque así siempre lo hago.

¿De dónde nos vienen las palabras?

¿De dónde nos vienen las palabras? 

¿De las noches sin luna? ¿O de los atardeceres soleados? 

Tal vez vienen del silencio. O de los montículos de arena en las playas abandonadas, donde los castillos se derrumban en un escándalo de caracolas. 

¿De dónde nos vienen las palabras si brotan sin alma? Cuando yo las guardo, y las rehúyo. 

Ellas se forman, en clichés organizados y poco pensados. O en punzadas de dolor que desangran. 

Tal vez El Ancestro nos las susurra al oido, cuando todo está oscuro en rincones recónditos. Y las recitamos, aunque prestadas. 

Para entretener a aquéllos que tropiezan con ellas y las leen y lloran sin esperarlas. 

No, no sé de dónde le vienen las palabras a esta familia que sueña en poemas de vida y camelias. 

A Liana

Más allá del silencio

Qué hay después de ti en la poesía de hojas blancas. En los estares de la nada y las pompas de jabón. Brilla tu recuerdo en resplandor que enceguece. ¿Qué hay amigo?, canta la canción en los altavoces. ¿Qué hay? ¿Qué hay más allá del silencio? Donde ya no se encuentran nuestros rostros ni nuestras risas de niños.

Tantos años recordando el sonido de tu nombre. Que no pasa, que no se olvida. Volveré una y otra vez a esa tierra que te guarda bajo el suelo. Para ver florecer tu árbol de frondosa grandeza. Y me sentaré a tu lado como tantas veces, enjuagando las lágrimas que siempre ruedan.

Amigo, ¿qué hay? ¿Qué hay en la nada del inmenso universo?

Sueños que nunca llegarán a hacerse realidad.

¿Qué hay amigo, al otro lado del silencio?

Ángeles del Infierno

7/10

Hacen 90 grados afuera mientras que adentro las palabras se sofocan. Me afecta el silencio y una gran introspección. Abro una botella como cada viernes en la tarde y me siento a la ventana a mirar las hojas. 

Hoy es un día de pocas palabras, de soledades plenas. Las canciones de fondo ambientan la atmósfera prona a la tristeza. Te recuerdo hoy, y recuerdo mi casa, y la familia que dejamos buscando algo mejor quizá. 

Qué valiente fuiste al dejar todo por ella. Qué valiente al levantarte sola. Qué valiente eres ahora que las puertas se cierran y a fuerza abres otras. 

Y con esa valentía, te levantarás y abrirás tu corazón para amar de nuevo. Perdonarás, si no lo has hecho. Y serás tan grande como el universo. 

Tal vez algún día también perdone yo, y se me quite esta rabia infinita. 

Pero hoy no será. No será hoy que me faltan las palabras. 

Carta a una familiar

La espera

Me pregunta cómo estoy y le respondo lo mismo: “Esperando que el tiempo pase”. 

Mientras tanto afuera se van volviendo rojas las hojas. 

¿De qué vale la espera? 

Si al final las hojas caerán, inertes.