Loneliness

Loneliness makes you think sad things. Y quién soy yo para decirle que se calle.

Saltar la valla

Los dos tendríamos quizá catorce años cuando él me invitó a ver a Manu Chao en concierto. No teníamos tiquetes y la idea era colarnos saltando la valla por la parte trasera del jardín botánico. Cuando le expresé mi temor a que nos descubrieran, él rió a carcajadas, diciendo que el ser descubiertos solo significaba que tendríamos que volver a entrar. El plan parecía viable pero el escrupuloso seguimiento de la norma que me fue inculcado me impidió decirle que sí. Al final, él terminó por ir solo y yo me quedé en casa. 

Veinte años después aún no he visto a Manu Chao en concierto y mi primo ya no está para intentar la osadía. Se fue a algún cielo, junto a las hojas que arrastra el viento. Y yo me quedé aquí, anclada, deseando haber dicho que sí.

Photo by Kendall Hoopes

Jardín

Cada vez que la profesora dejaba el salón, yo me paraba a llorarla en la puerta. Aquella otra niña delgada venía a consolarme poniendo su mano en mi espalda. La aprecié y fuimos amigas hasta que empezaron a importar nuestras diferencias. No sé qué será de ella.

Photo by Antonius Ferret

Recuérdame

Photo by Thiago Japyassu

Recuérdame. Recuérdame cuando esté volando alto, como Fawn Wood. Cuando me levante más allá del cielo, como un águila o un cóndor. Recuérdame, cuando ya mi nombre se haya extinguido. Y yo no sea más que el aliento del fuego y la humedad del verano. 

Yo te recordaré, sosteniendo mi mano, más allá de la nebulosa estrellada. Soplaré un susurro que traspase el sol, y te envuelva en un halo.

Recuérdame, cuando ya nos hayamos olvidado. 

«Soaring with the eagle so high,
feeling free…»

Fawn Wood

A qué viene el sol

Partiremos ahora y dejaremos atrás la belleza conocida de los atardeceres soleados y las lluvias torrenciales y efímeras. Dejaremos a las azucenas y a las astromelias crecer, abandonadas junto a las raíces de aquellas acacias que perduraron lo suficiente, apenas. Partiremos para que ya la fina hierba no se cuele en los pies descalzos y sobre el arenero se extienda la casa en la que ya solo viven dos. Porque a qué viene el recuerdo insistente de crecer y vivir sin preocupación en esa tierra olvidada, donde siempre brilla el sol pero la gente se mata.