Seguir amando

Me siento al frente de la pantalla como cada lunes en la mañana, esperando el correr de otra semana. Los días son buenos o tristes, o traen pesares que habíamos olvidado. Rebeca lee en el nuevo sofá y se admira con los “Secretos del viejo reloj”. Siento la necesidad de escribir aunque no sé para qué ni para quién.

Entiendo el tedio de levantarse cada mañana queriendo morir. El cruzar la calle despacio para que alguien te atropelle. El deseo de envenenar el cuerpo que ahora se siente vacío y efímero. Pero sé que después de todo hay tal vez esperanza. Que existe el placer de las cosas pequeñas como el sentarse a disfrutar una tarde veraniega en el atardecer de una terraza.

Quizá ahora todo esto suene estúpido, como lo suena todo en estos meses de tedio. Pero te desatarán y te levantarás para seguir amando. No encuentro más palabras para describir el dolor que me causa imaginar tu pérdida. Seguiré aquí desde esta distancia forzada, anhelando tu abrazo.

Carta a un familiar

Fragata

Cuando el cielo muestre un mundo dividido en dos, el que dejas atrás y el que ahora llega.

Cuando en el aire la blanca espumosa de sal llegue como fragata sin comandante a tu puerta y en la espesura se alce como un grito de guerra el tibio recuerdo de tu ayer.

Cuando te atrapen las garras del olvido y el hambre de vida caiga como torrente sobre ti.

Cuando empiece la gran batalla de otrora y en el espacio se escuche el murmullo desposeído del amor.

Cuando te marches. Cuando yo ya no esté. Ya no lo dudes, pues yo te seguiré (amando). Aprendo a vivir con el dolor. Yo soy más fuerte. Pero ahora, buena suerte.

Invierno y oscuridad

Es invierno y la oscuridad se cierne sobre mí. Al caer la tarde, una oscuridad impenetrable me dice que el día ha acabado aunque solo son las 4:00. ¿Qué hacer, mas que regocijarse en los pensamientos de pasado y futuro?

El invierno es la época de los temores.

El calor del hogar reconforta mientras que afuera se libran las batallas.

Photo by Josh Hild

Luciano con O

Tampoco sé si a veces soy tomate o soy gato, o si simplemente soy Luciano con O. Soy como Sven que murió la semana pasada. 

Qué me importa si Luciana tiene el arma si el que disparó fui yo. A veces me gusta ir por la vida con una coca cola. Me gusta sentir la lluvia, la lluvia de olor a pólvora quemada, limpiándome la sangre de la herida. La sangre de tomate como el gato rojo de Amarilla. Amarilla se parece a Luciana con A. A veces, Luciana con A está celosa porque yo hablo de Amarilla. Le digo: “Tranquilízate nena” y ella enfurece. El problema es que Luciana con A no lee mis libros. 

Luciana con A siempre anda discutiendo. Pelea conmigo por las coca colas. Pelea conmigo porque no me apetece un buen polvo. Pelea conmigo porque le compro drogas. Pelea con el dentista porque no se lava los dientes. Luciana con A pelea con la vecina porque las sábanas que extiende le tapan el sol que cae a la terraza. A Luciana con A le gusta pelear. Yo le digo: “Vive nena” y ella enfurece. 

Me gusta Luciana con A. Yo soy Luciano con O. Así que es gracioso. Cuando tomo coca cola a Luciana con A le da celulitis. Yo me siento mareado. No sé si es por la sangre de tomate que me lava la lluvia con olor a pólvora quemada o si es por el brandy que le cayó a la coca cola en la mañana. 

Luciana con A dice que es de noche. A mí siempre me parece que está de día. Lo que pasa es que Luciana con A siempre dice lo contrario a lo que yo digo. Luciana con A dice: “Estás equivocado Luciano con O” y yo digo “Qué importa nena”. Y ella enfurece. 

Luciana con A dice que quiere el lado izquierdo. A mí me da igual. Diez metros bajo tierra la lateralidad no importa. Creo que Luciana con A y yo estaremos muy estrechos. 

Invierno a poco terminar

Sin palabras para describir la sensación que hay en mí. Tus palabras que taladran los rincones de mi cabeza y mi corazón que se retuerce queriendo no oir. Las palabras que, aunque reflejen anhelos, destruyen como acciones. Mis palabras que repiten todas mis inseguridades.

Sé que no quieres irte y no quiero que te vayas. Pero aquí queda el vacío de las lágrimas derramadas y mi alma seca. ¿Con qué se llena? ¿Con qué se llena el sentimiento de pérdida, el duelo temporal pero infinito?

Me causa gran dolor todavía hoy a pesar del alivio. Me duele recordar esos días grises de invierno a poco terminar.