I only have one photograph of him left

I only have one photograph of him left. I took it when he came to our house in one of his striking, commonly nocturnal, never-expected visits. The photograph is a portrait of a young man in decadence who had been living beyond the line for more than a long time.

He was no longer that joyful, peaceful boy that all of us used to know so well. His strange manners and compulsive movements, combined with his thinness, gave him a repulsive appearance that was not bearable for long. He looked like a walking bag of bones, and his long hair partially covered his cheekbones, which stuck out giving to his face the look of a skull just covered by skin. He seemed like a puppet of a skeleton that moved because of the action of a strange force…lifeless.

All of his body looked lifeless but his eyes… His eyes were strangely deep. They were black and deep as the universe, full of energy that hypnotized and frightened. One could see through his eyes. At some point, he stared at me and laughed and talked like a maniac. I stared at him too while wondering how this could have happened. I was mesmerized by the image, and then I took the photograph.

He left soon that night, and it was the last time we talked. Sometimes, I look at the photograph and wonder if I could have helped him, but I knew he would never come back. He always said that he wanted to be free.

La espera

Me pregunta cómo estoy y le respondo lo mismo: “Esperando que el tiempo pase”. 

Mientras tanto afuera se van volviendo rojas las hojas. 

¿De qué vale la espera? 

Si al final las hojas caerán, inertes.

Monday

What does one write on a Monday? Cuando la lluvia cae y nunca amanece. Cuando es un lunes como cualquier otro. 

What do you say to Mondays? Cuando la semana se abre en el horizonte y la esperanza disminuye.  

What do you do on Monday? Cuando no ha cambiado nada. Y te sigo esperando. 

Today. Monday. Lunes. What can I tell you? Cuando siempre te guardo en la memoria.

Loneliness

Loneliness makes you think sad things. Y quién soy yo para decirle que se calle.

Sobre perder un trabajo 

El martes 22 de agosto perdí mi trabajo. Nos habían citado a una reunión en la mañana con el mensaje: Please, prioritize this meeting. Cuando llegó la hora y nos conectamos, nuestros micrófonos estaban silenciados y el chat deshabilitado. Y tras unos minutos de esperar, 180 personas y yo escuchamos decir a nuestra líder que a partir de ese momento nos encontrábamos desempleados. 

Lo que siguió era de esperarse. Nuestros accesos a todos los sistemas fue bloqueado y nuestros correos electrónicos anulados, mientras nos arrojábamos a una búsqueda frenética de rescate que nos permitiera salvar algunas muestras dignas de incluir en nuestros portafolios. 

En medio del caos, no supe qué guardar porque en siete años de trabajo había tanto y nada al mismo tiempo. Cuando terminó el día, guardé mi computador e ignoré los cientos de mensajes, las instrucciones y las cartas de separación. 

En los días venideros, un sentimiento de absoluta abrumación se apoderó de mí. Me despertaba en la madrugada pensando en lo que faltaba por hacer e, incapaz de seguir durmiendo, me sentaba ante el computador hasta el anochecer buscando de forma desesperada un trabajo, cualquiera que fuera.  

Solo hasta ahora, mi mente empieza a aclararse del torbellino de dudas y miedos. 

Algunos de mis compañeros, que habían tenido ya experiencias similares, compartieron que perder un trabajo es solo un día más en Corporate America y que con los años uno simplemente se vuelve numbed to it all. Pasamos la vida dejando la tercera parte de ella o más en un trabajo, y un día cualquiera lo que somos es menos importante que el margen de ganancia. 

Ayer éramos trabajadores ejemplares y apreciados, hoy una amenaza a la confidencialidad. 

Me siento agradecida por la forma en la que mis redes respondieron a este despido masivo y por la forma en la que mis compañeros y yo nos reunimos para apoyarnos. Pero me queda el sinsabor de este modelo económico donde los trabajadores somos cosas que se desechan.