Más allá del silencio

Qué hay después de ti en la poesía de hojas blancas. En los estares de la nada y las pompas de jabón. Brilla tu recuerdo en resplandor que enceguece. ¿Qué hay amigo?, canta la canción en los altavoces. ¿Qué hay? ¿Qué hay más allá del silencio? Donde ya no se encuentran nuestros rostros ni nuestras risas de niños.

Tantos años recordando el sonido de tu nombre. Que no pasa, que no se olvida. Volveré una y otra vez a esa tierra que te guarda bajo el suelo. Para ver florecer tu árbol de frondosa grandeza. Y me sentaré a tu lado como tantas veces, enjuagando las lágrimas que siempre ruedan.

Amigo, ¿qué hay? ¿Qué hay en la nada del inmenso universo?

Sueños que nunca llegarán a hacerse realidad.

¿Qué hay amigo, al otro lado del silencio?

Ángeles del Infierno

Flores y pesticidas

A veces se siembra por años y lo que se cosecha no es tan bueno. Vertimos el agua y damos calor, y los retoños se marchitan, rebeldes. Nuestro amor no es diferente. Perdimos años en un esfuerzo que no dio frutos ni flores. Hoy nos vemos macilentos sin nada que dar ni recoger. 

Nuestro amor empezó ya muerto, quemado por el sol y el pesticida. Y lo que surgió de él no es digno de nada, ni de este escrito. Por eso ahora mismo lo termino.

Photo by Zariflavin

Muchas palabras no fueron las mejores

Muchas palabras no fueron las mejores. Hubo el violento susurro de un te amo. Y los cumplidos baratos e incoherentes de martes por la tarde. 

Al fin los dos sabemos por qué nos dejamos. 

Dejamos la espera contemplativa para llenar el silencio con palabras vacías. Y esas palabras, aunque superfluas, ilustraban el desgano de nuestro amor amañado. 

Muchas palabras no fueron las mejores. Entre ellas tu nombre, que digo en silencio para evitar el tedio. 

Me alegra que al final te hayas ido.

Seguir amando

Me siento al frente de la pantalla como cada lunes en la mañana, esperando el correr de otra semana. Los días son buenos o tristes, o traen pesares que habíamos olvidado. Rebeca lee en el nuevo sofá y se admira con los “Secretos del viejo reloj”. Siento la necesidad de escribir aunque no sé para qué ni para quién.

Entiendo el tedio de levantarse cada mañana queriendo morir. El cruzar la calle despacio para que alguien te atropelle. El deseo de envenenar el cuerpo que ahora se siente vacío y efímero. Pero sé que después de todo hay tal vez esperanza. Que existe el placer de las cosas pequeñas como el sentarse a disfrutar una tarde veraniega en el atardecer de una terraza.

Quizá ahora todo esto suene estúpido, como lo suena todo en estos meses de tedio. Pero te desatarán y te levantarás para seguir amando. No encuentro más palabras para describir el dolor que me causa imaginar tu pérdida. Seguiré aquí desde esta distancia forzada, anhelando tu abrazo.

Carta a un familiar

Fragata

Cuando el cielo muestre un mundo dividido en dos, el que dejas atrás y el que ahora llega.

Cuando en el aire la blanca espumosa de sal llegue como fragata sin comandante a tu puerta y en la espesura se alce como un grito de guerra el tibio recuerdo de tu ayer.

Cuando te atrapen las garras del olvido y el hambre de vida caiga como torrente sobre ti.

Cuando empiece la gran batalla de otrora y en el espacio se escuche el murmullo desposeído del amor.

Cuando te marches. Cuando yo ya no esté. Ya no lo dudes, pues yo te seguiré (amando). Aprendo a vivir con el dolor. Yo soy más fuerte. Pero ahora, buena suerte.