Noelia y el mar

Photo by Daniel Maforte

En bicicleta por el mar, 

hasta que la sal oxide el metal, 

mis pies, mis ideas. 

Y cuando al atardecer el viento sople,

me despedace en mil partículas

y contra el mar reviente 

la sonrisa maltrecha 

de años y años sin porvenir, 

y en el estallar de las olas, 

el sonido de mi boca se envuelva en un eco 

y en éste se pierda. 

Y que no deje en la arena mis huellas 

para que el mundo me olvide, 

si acaso, 

alguna vez, 

me conoció.

«Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda»

Mercedes Sosa

Los segundos son minutos, los minutos son horas

“Los segundos son minutos, los minutos son horas”, me repito antes de dormir. Me preparo para otro sueño de esos que trae el insomnio de las tareas no terminadas. Te espero en el sueño, te veo. Hablamos, a veces. A veces reímos y tomamos, o navegamos en el mar. Y al final es tu hora para volver a tu lugar a descansar o a morir. Siempre sé que no estás vivo. Aunque quiero quedarme indefinidamente, no puedo detenerte. La historia se repite, una y otra vez, como la rueda de tu bicicleta azul girando. 

¿Cuántos sueños faltan para que te desvanezcas en la nada? ¿Cuántos más vendrán a darme esperanza? ¿Y cuántos más a revivir el desconsuelo y la congoja? 

El sabor agridulce de un sueño contigo. Y la resaca en la mañana que me da tu recuerdo. Las noches son a su vez eternas y efímeras.

¿Cuántos sueños más? ¿Cuántas vidas? ¿Cuántas vidas quedan para perdonar las culpas?

Un día que puede llamarse miércoles

Un día cualquiera, que puede llamarse miércoles. Una noche tranquila, de las aburridas. 12 horas trabajando, como los perros. Una cerveza fría, pretendiendo que te importa. Sentarse en el sofá, leyendo tu vida. 

Un día cualquiera, que puede llamarse jueves. Una noche tranquila, de las frías. 12 horas trabajando, como si valiera la pena. Una cerveza fría, pretendiendo que está bien y siempre lo fue. Sentarse en el sofá, preguntándote porqué. 

Un día cualquiera, que puede llamarse viernes. Una noche de juerga, vacía. 12 horas trabajando, porque solo sabes eso. Una cerveza fría, anhelando la inconsciencia. Sentarse en el sofá, contemplando la bala. 

Un día cualquiera, que ya no llega.

Tedio

Tedio. Que la vida siga igual. Que no se me corrompa con malos sueños. Que no mate lo que hay dentro.  Que la esperanza siga verde. Y en los árboles el otoño se sostenga. Que no mire a la ventana y descubra el sol. Que no me llame nadie, porque yo no quiero nada. Que la luna sea regia. Que la psicosis me asesine. Que el escarlata sea de sangre. Que no deshojen mi cuchillo. Que quemen mis escritos. Que sonría. Que sonría y me crean. Que salte y toque el cielo. Que escriba. 

Tedio. Que la vida siga igual. Que no sea víctima. Que me amen y los odie. Que me odien y los odie. Que no llore en las mañanas. Que tenga amigos. Que los traicione. Que la crema se haga espuma en mis dientes. Que no sienta a nadie. Que los odie. Que los deje. Que en mis piernas siga sintiendo el tedio. Que sea feliz. Que no lo sea. Que sienta frío. Que me persiga la sandez. Que le abofetee en la cara. Que escriba. 

Tedio. Que me ahogue. Que guarde mis palabras. Que no fume. Que beba. Que sacie mi sed. Que no sienta el cansancio. Que despierte. Que sienta el perfume. Que me asfixie. Que duerma. Que sueñe. Que olvide. Que no perdone. Que la vida siga igual. Y los amigos igual. Y mi casa igual. Y mis sueños igual. Mis dolores también. Que no cambie. Que no se vaya el tedio. 

Tedio. Que crea. Que crea en Dios y rece. Que elija. Que me equivoque. Que coma poco. Que no sienta hambre. Que sea más fácil. Más difícil. Que a los hombres les deje las putas. Que sienta la música. Que la baile. Que me envenene. Que grite. Que llame al tedio. Que grite tedio. Tedio. 

Tedio, que no me aniquile el miedo. Que me posea el tedio. Tedio. Que disfrute. Que cante. Que salte. Que en mi rostro sienta la lluvia. Que no me queme el sol. Que del odio, la ternura. Que de la ternura, el odio. Que pregunte. Que me abstenga. Que vote. Que proteste. Que lea. Que comprenda. Que escriba. 

Tedio. Siempre el tedio. Más tedio. Que siempre diga nunca. Que en nunca no haya un siempre. Que no. Que sí. Tampoco. Tedio. 

Callaremos

No hablamos más de él ni de su sonrisa. De su pelo largo y negro. Cayendo sobre sus hombros y su camisa morada. No pronunciamos más pensamientos despistados. Perdidos en recuerdos que se van veloces, como los anocheceres vertiginosos del trópico. Lo soñamos en silencio, como en las tardes de lectura en la niñez que se fue.

No hablamos más de él. 

Callaremos, esperando en sueños que se reciclan.

“Sueña que hay días en que vivo,

sueña lo que hay que callar…”

Silvio Rodríguez